En la cultura occidental, el parto es percibido meramente en términos de la actividad
uterina y de los actos del personal médico y dejan de lado a la mujer que está
pariendo. Uno
de los factores desencadenantes de ésta percepción fue el traslado del parto de la casa al hospital. Aunque la justificación racional expuesta por el discurso médico
era la protección en casos patológicos, lo cierto es que el ambiente
hospitalario impone la institucionalización médica a todas las mujeres
parturientas, inclusive en los casos en los que tanto el embarazo, como el
parto y el bebé recién nacido son saludables, es decir, que se han desarrollado
sin que medie ningún evento patológico.

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